Cuentos De Navidad En Inglés Famosos.

Cuentos de Navidad en Inglés famosos como parte de la literatura inglesa son recursos de aprendizaje excelentes. Primero debes saber que esta es toda aquella que es escrita en el idioma inglés, esto es independientemente de la procedencia de sus autores siempre y cuando los mismos sean anglosajones.

Bajo esta denominación se reúnen obras que han sido escritas en inglés antiguo, inglés medieval, inglés moderno e inglés contemporáneo, así como aquellas escritas en las variedades dialectales que el idioma actual tiene alrededor del mundo.

Te hemos enseñado con anterioridad que existen al igual que en el español, cuentos, novelas, leyendas, mitos, historias y una amplia gama de colecciones que se utilizan no solo como recursos para los niños, si no para los principiantes en el idioma, aquellas personas que están comenzando a recorrer el camino del inglés.

Índice

    Literatura: Cuentos De Navidad En Inglés Famosos.

    A continuación te daremos a conocer un cuento especial para la época de navidad.

    cuentos de navidad en Inglés famosos

    Te invitamos a leer: 2 Cuentos Populares En Inglés Para Niños Repitiendo Se Aprende. 

    La pequeña cerillera/ The little match

    La pequeña cerillera, o la niña de los fósforos, es uno de los cuentos más famosos en Ingles escrito por Hans Christian Andersen, famoso justamente por sus cuentos infantiles. El mismo cuenta la historia de una pequeña vendedora de fósforos, que en la noche de Nochebuena trata de calentarse encendiendo sus propias cerillas, intentando cobijarse del frío.

    Síguenos en Facebook y descubre una lección gratis cada semana

    Este trágico cuento nos devela las injusticias sociales que existen alrededor nuestro, cuando unos cuentan con tanto, y otros con tan poco. Es una mirada de compasión hacia aquellos que menos tienen.

    The Little Match – Seller in English.

    It was terribly cold and nearly dark on the last evening of the old year, and the snow was falling fast. In the cold and the darkness, a poor little girl, with bare head and naked feet, roamed through the streets.

    It is true she had on a pair of slippers when she left home, but they were not of much use. They were very large, so large, indeed, that they had belonged to her mother, and the poor little creature had lost them in running across the street to avoid two carriages that were rolling along at a terrible rate. One of the slippers she could not find, and a boy seized upon the other and ran away with it, saying that he could use it as a cradle, when he had children of his own.

    So the little girl went on with her little naked feet, which were quite red and blue with the cold. In an old apron she carried a number of matches, and had a bundle of them in her hands. No one had bought anything of her the whole day, nor had any one given here even a penny. Shivering with cold and hunger, she crept along; poor little child, she looked the picture of misery.

    The snowflakes fell on her long, fair hair, which hung in curls on her shoulders, but she regarded them not. Lights were shining from every window, and there was a savory smell of roast goose, for it was New-year´s eve – yes, she remembered that.

    In a corner, between two houses, one of which projected beyond the other, she sank down and huddled herself together. She had drawn her little feet under her, but she could not keep off the cold; and she dared not go home. She had sold no matches, and could not take home even a penny of money.

    Her father would certainly beat her; besides, it was almost as cold at home as here. They had only the roof to cover them, through which the wind howled, although the largest holes had been stopped up with straw and rags.

    Her little hands were almost frozen with the cold. Ah! perhaps a burning match might be some good, if she could draw it from the bundle and strike it against the wall, just to warm her fingers. She drew one out – «scratch!» how it sputtered as it burnt! It gave a warm, bright light, like a little candle, as she held her hand over it.

    It was really a wonderful light. It seemed to the little girl that she was sitting by a large iron stove, with polished brass feet and a brass ornament. How the fire burned and seemed so beautifully warm that the child stretched out her feet as if to warm them, when,  the flame of the match went out, the stove vanished, and she had only the remains of the half-burnt match in her hand.

    She rubbed another match on the wall. It burst into a flame, and where its light fell upon the wall it became as transparent as a veil, and she could see into the room.

    The table was covered with a snowy white table-cloth, on which stood a splendid dinner service, and a steaming roast goose, stuffed with apples and dried plums. And what was still more wonderful, the goose jumped down from the dish and waddled across the floor, with a knife and fork in its breast, to the little girl.

    Then the match went out, and there remained nothing but the thick, damp, cold wall before her. She lighted another match, and then she found herself sitting under a beautiful Christmas-tree. It was larger and more beautifully decorated than the one which she had seen through the glass door at the rich merchant´s. Thousands of tapers were burning upon the green branches, and colored pictures, like those she had seen in the show-windows, looked down upon it all.

    The little one stretched out her hand towards them, and the match went out. The Christmas lights rose higher and higher, till they looked to her like the stars in the sky. Then she saw a star fall, leaving behind it a bright streak of fire. «Some one is dying,» thought the little girl, for her old grandmother, the only one who had ever loved her, and who was now dead, had told her that when a star falls, a soul was going up to God.

    She again rubbed a match on the wall, and the light shone round her. In the brightness stood her old grandmother, clear and shining, yet mild and loving in her appearance. «Grandmother,» cried the little one, «O take me with you; I know you will go away when the match burns out; you will vanish like the warm stove, the roast goose, and the large, glorious Christmas-tree.» And she made haste to light the whole bundle of matches, for she wished to keep her grandmother there.

    The matches glowed with a light that was brighter than the noon-day, and her grandmother had never appeared so large or so beautiful. She took the little girl in her arms, and they both flew upwards in brightness and joy far above the earth, where there was neither cold nor hunger nor pain, for they were with God.

    In the dawn of morning there lay the poor little one, with pale cheeks and smiling mouth, leaning against the wall; she had been frozen to death on the last evening of the year; and the New-year´s sun rose and shone upon a little corpse. The child still sat, in the stiffness of death, holding the matches in her hand, one bundle of which was burnt. «She tried to warm herself,» said some.

    No one imagined what beautiful things she had seen, nor into what glory she had entered with her grandmother, on New-year´s day

    THE END

    La pequeña Cerillera en español.

    Era la última noche del año, hacía mucho frío y estaba oscureciendo. La nieve caía rápidamente.Con ese frío y en la oscuridad, una pobre niña, casi sin abrigo y con los pies descalzos vagaba por las calles.

    Es cierto que tenía puestas unas zapatillas cuando salió de casa, pero no le servían de mucho. Le venían muy grandes porque habían pertenecido a su madre, y la pobre niña los había perdido corriendo por la calle para esquivar dos carruajes que rodaban a un ritmo terrible. No podo encontrar una de las zapatillas, y un niño cogió la otra y se escapó con ella, diciendo que podría usarla como cuna cuando tuviera hijos.

    Así que la niña tuvo que seguir andando con sus pequeños pies desnudos, rojos y azules a causa del frío. En un delantal viejo tenía varias cerillas y llevaba un paquete de ellas en las manos. Nadie le había comprado nada en todo el día, ni nadie le había dado ni un centavo. Temblando de frío y de hambre la pobre Cerillera se arrastraba por las calles; era la propia imagen de la miseria.

    Los copos de nieve se posaban sobre su largo y rubio cabello, que le caía en rizos sobre los hombros, pero ella no los miró. Las luces brillaban en todas las ventanas y había un sabroso olor a ganso asado, porque era la víspera de Año Nuevo; sí, lo recordaba. En un rincón, entre dos casas, una de las cuales sobresalía de la otra, se tumbó y se acurrucó.

    Había metido sus pequeños pies debajo de ella misma, pero no podía evitar el frío; y no se atrevió a volver a casa. No había vendido fósforos y no podía llevar a casa ni un solo centavo.

    Su padre sin duda le pegaría; además, hacía casi tanto frío en casa como allí fuera. Sólo tenían el techo para cubrirlos, por donde aullaba el viento, aunque los agujeros más grandes estaban tapados con paja y trapos. Sus manitas estaban casi congeladas por el frío. ¡Ah! tal vez una cerilla encendida le vendría bien, podría encenderla rasgándola contra la pared, sólo para calentarse los dedos.

    Ella sacó una cerilla y – «¡cratch!» ¡Cómo chisporroteó al arder! Dio una luz cálida y brillante, como una pequeña vela, mientras ella sostenía su mano sobre ella.

    Realmente era una luz maravillosa. A la niña le pareció que estaba sentada junto a una gran estufa de hierro, con patas de latón pulido ornamentadas.

    El fuego ardía y parecía tan bellamente cálido que la niña estiró los pies para calentarlos, cuando de repente la llama del fósforo se apagó, la estufa se desvaneció y la niña se quedó con los restos del fósforo medio quemado en su mano. Frotó otra cerilla contra la pared. Estalló en una llama, y la pared iluminada se volvió tan transparente como un velo, y la niña pudo ver el interior de la habitación.

    La mesa estaba cubierta con un mantel blanco como la nieve, sobre el que descansaba una espléndida vajilla, y un ganso asado humeante, relleno de manzanas y ciruelas secas. Y lo que era aún más maravilloso, el ganso saltó del plato y se contoneó por el suelo, con cuchillo y tenedor en el pecho, hacia la niña. Al apagarse la cerilla, no quedó nada más que la gruesa, húmeda y fría pared ante ella.

    Encendió otra cerilla y entonces se encontró sentada bajo un hermoso árbol de Navidad. Era enorme y estaba tan bellamente decorado como el único que había vito, en la cada de un rico comerciante, a través de la puerta de cristal. Miles de cirios ardían sobre las ramas verdes, y cuadros colgados de las paredes, como los que había visto en los escaparates, lo observaban todo desde arriba.

    La pequeña extendió la mano hacia ellos y el fósforo se apagó. Las luces de Navidad se elevaron más y más, hasta que a ella le parecieron las estrellas en el cielo. Entonces vio caer una estrella, dejando tras de sí una brillante ráfaga de fuego. «Alguien se está muriendo», pensó la niña, pues su abuela, la única que la había amado y que ya había fallecido, le había dicho que cuando cae una estrella, un alma sube al cielo, con Dios.

    Volvió a frotar una cerilla en la pared y la luz brilló a su alrededor. En el resplandor estaba su abuela, clara y brillante, pero suave y amorosa en su apariencia. -Abuela -exclamó la pequeña-, llévame contigo; sé que te marcharás cuando se apague el fósforo; te desvanecerás como la estufa caliente, el ganso asado y el gran y glorioso árbol de Navidad. Y se apresuró a encender todo el paquete de fósforos, porque deseaba que su abuela estuviera allí.

    Los fósforos brillaban con una luz tan brillante como la del mediodía, y su abuela nunca había parecido tan grande ni tan hermosa. Tomó a la niña en sus brazos, y ambas volaron hacia arriba con resplandor y alegría, muy por encima de la tierra, donde no había frío, ni hambre ni dolor, porque estaban con Dios.

    En la madrugada yacía la pobrecita, de pálidas mejillas y boca sonriente, apoyada contra la pared; se había congelado hasta morir, en la última noche del año; y el sol de año nuevo salió y brilló sobre un pequeño cuerpecito. La niña seguía sentada, con los fósforos en la mano, uno de los cuales estaba quemado.

    «Trató de calentarse», dijeron algunos. Nadie imaginaba qué cosas hermosas había visto, ni en qué gloria había entrado con su abuela, el día de año nuevo.

    FIN

    The golden touch in English.

    Once there lived a greedy man in a small town. He was very rich, and he loved gold and all things fancy. But he loved his daughter more than anything. One day, he chanced upon a fairy. The fairy’s hair was caught in a few tree branches. He helped her out, but as his greediness took over, he realised that he had an opportunity to become richer by asking for a wish in return (by helping her out).

    The fairy granted him a wish. He said, “All that I touch should turn to gold”. And his wish was granted by the grateful fairy. The greedy man rushed home to tell his wife and daughter about his wish, all the while touching stones and pebbles and watching them convert into gold.

    Once he got home, his daughter rushed to greet him. As soon as he bent down to scoop her up in his arms, she turned into a gold statue. He was devastated and started crying and trying to bring his daughter back to life. He realised his folly and spent the rest of his days searching for the fairy to take away his wish.

    Moral of the Story: Greed will always lead to downfall.

    THE END

    El toque dorado en español.

    Una vez vivía un hombre codicioso en una pequeña ciudad. Era muy rico, amaba el oro y todas las cosas lujosas. Pero amaba a su hija más que a nada. Un día, se encontró con un hada. El cabello del hada quedó atrapado en algunas ramas de árbol. Él la ayudó, y en ese momento se dio cuenta que tenía la oportunidad de enriquecerse pidiéndole un deseo a cambio.

    El hada le concedió el deseo. El dijo, «Todo lo que toque debería convertirse en oro». Y su deseo fue concedido por el hada agradecida. El hombre codicioso corrió a casa para contarle a su esposa e hija sobre el deseo concedido.

    Cuando llegó a la casa, su hija se apresuró a saludarlo. Tan pronto como él se inclinó para abrazarla, ella se convirtió en una estatua de oro. Estaba devastado y comenzó a llorar y a tratar de revivir a su hija. Se dio cuenta de su locura y pasó el resto de sus días buscando al hada para que le quitara el deseo.

    Moraleja: La codicia siempre conducirá a la caída.

    FIN

    Te sugerimos leer: 2 Cuentos Tradicionales En Inglés Para Niños.

    Descubre nuevas lecciones de inglés gratis cada semana

    👉 Suscríbete a nuestro canal de Telegram 👈

    Comparte esta lección. Gracias!

    Otras Lecciones que te pueden interesar

    Subir

    Utilizamos cookies de análisis y técnicas para mejorar la experiencia de navegación por nuestra web y para mostrar publicidad relacionada según el análisis de la navegación del usuario. Puedes aceptarlas o personalizar tu configuración que se aplicará a esta web. Puedes informarte más profundamente sobre qué cookies estamos utilizando o personalizarlas utilizando el enlace a la política de cookies.  Esta opción siempre está disponible en la parte inferior de la página. MÁS INFO